Rumbo a Lurín, el valle se hace a caballo

Imagine este día: salir de Lima para cabalgar en un caballo peruano de paso que lo llevará a través de campos de cultivos hasta el mar. Todo esto a unos 30 minutos de la ciudad y su bullicio, sus carteles con promesas electorales y su tránsito infernal.

Dicen los entendidos que el caballo peruano de paso es el equino ideal para dar largos paseos debido a su suave andar, su elegante postura y su temperamento dócil. Por ello no es necesario ser un hábil jinete para cabalgarlo.

La empresa Cabalgatas ofrece la posibilidad de pasear en estos gráciles ejemplares sin tener que alejarse mucho de Lima, pues ha situado su punto de operaciones en la cuadra IX del ex fundo Santa Rosa, a la altura del kilómetro 32,5 de la Panamericana Sur. A este punto se llega en unos 30 minutos si viene de Lima.

En la cuadra IX se encuentran los caballos peruanos de paso de Juan Guillermo More Sanguineti, quien heredó de su padre el amor por estos animales y toda la tradición que su crianza conlleva. Desde esta cuadra parte el grupo de cabalgata, guiado siempre por uno o dos chalanes. Se aceptan como máximo ocho personas en cada viaje.

Antes del paseo, los chalanes instruyen a los participantes con nociones básicas sobre cómo montar a caballo y las características del camino.

A partir de los siete años de edad –y salvo recomendación médica– no hay mayores restricciones para hacer esta corta expedición, que nos permitirá un vistazo rápido y general del potencial del valle del río Lurín.

Engreída, Sorpresa, Silverio, Conquistador, Choche y Apostador son parte del grupo de 15 caballos de More Sanguineti. Son gráciles, nobles y se comportan como una familia que se quiere mucho: les gusta andar juntos y prodigarse caricias. Cuando uno para su andar, el resto también lo hace.

La ruta del paseo la tienen aprendida porque Elvis Prado, el chalán guía de Cabalgata, los entrena a diario. Gracias a esta dedicación constante han perdido el miedo al ruido o a otros imprevistos que presenta el camino de unos cinco kilómetros hacia la playa San Pedro. También sortean con destreza el río Lurín cuando esté no está tan cargado.

Si les es permitido, los dóberman Chili y Argos se unen a la marcha. Al vivir en la misma cuadra que los caballos, están habituados a los paseos y a los chalanes. Al igual que los equinos, cruzan el río, se bañan en la playa, ladran de felicidad durante el paseo hasta que otro can se interponga en su camino. Es allí cuando demuestran su raza.

En la ruta se avista a los pobladores locales que se dedican a la agricultura y la ganadería. A unos escasos metros de la playa, cuando el río Lurín se une con el mar, se puede ver a niños bañándose y hombres pescando. Solo unos paneles electorales y unos camiones que durante el día buscan ganarle terreno al mar pueden hacer que el viajero se dé cuenta de que realmente Lima está cerca.

El mejor momento del paseo es cuando se está en la playa. La brisa marina alivia del sol veraniego, los perros hacen sus piruetas retando al mar y los caballos se relajan en el agua. Es un momento ideal para el relax.

OTROS SERVICIOS

Otra ruta de Cabalgatas incluye un paseo por los alrededores de las ruinas de Pachacámac, que fue el oráculo más importante de la costa peruana. Esta es una de las rutas más solicitadas debido a que ofrece la posibilidad de hacer fotos únicas de los caballos y el sitio arqueológico.

Pese a que Cabalgatas ofrece este servicio desde hace unos diez años, sus paseos son más conocidos entre los turistas extranjeros. Incluso entre aquellos que solo están de paso por Lima, pues la empresa ofrece el servicio de recojo y traslado al aeropuerto internacional Jorge Chávez.

También se realizan paseos a caballo en noches de luna llena, pero este se hace solo previa coordinación.

Allá vamos
Informes: En www.cabalgata.com.pe 9953-8771, Nextel: 133*3601 y RPM: #688771. E-mail: eventos@cabalgatas.com.pe.

Qué llevar: Sombrero o gorra, pantalón largo, bloqueador solar y zapatillas cómodas.

Recomendaciones: Prefiera la mañana para la cabalgata, pues a medio día el sol pega fuerte. El atardecer también es otra opción para pasear.

Precios: Una hora de recorrido por el valle de Lurín vale US$45. Un paseo de dos horas (incluye valle y playa) cuesta US$55 dólares y el de tres horas (valle, playa y ruinas), US$65.

Por: Norka Peralta Liñán

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