Machu Picchu es una de las siete maravillas del mundo; el río Amazonas con 6.992,06 km y 300.000 m3 es el río más largo y caudaloso del mundo; el Titicaca es el lago navegable más alto del planeta. Tenemos premiada a Prom-Perú como la mejor agencia gubernamental de promoción en Sudamérica, nuestro Jorge Chávez y el hotel Ramada Inn son considerados el mejor aeropuerto y el mejor hotel de aeropuerto de la región, según The World Travel Awards. El hotel Monasterio del Cusco fue elegido el mejor de Sudamérica por Conde Nast Traveler.

Tenemos culturas ancestrales, biodiversidad incomparable. Costa, sierra, selva; etnias amazónicas y andinas, sincretismo racial expresados en nuestro mestizaje de movimientos, colores y sabores, somos ricos.

Pero si tenemos casi todo, tanta riqueza y maravilla. ¿Por qué solo llegan a Machu Picchu 800.000 turistas extranjeros? ¿Por qué solo arriban 1’200.000 turistas extranjeros al Jorge Chávez? ¿Por qué estamos solamente con el 0,2% de los turistas del mundo? ¿Y por qué ocupamos el quinto puesto en Sudamérica?

La respuesta fácil es visible: porque tenemos “baguazos”, porque tenemos inadaptados que bloquean la línea del tren, la carretera Panamericana y toman aeropuertos; porque hay asaltos e inseguridad en nuestras calles y carreteras, porque no hay teleférico, porque me paralizan la construcción de mi hotel, porque los peruanos somos envidiosos y porque pensamos en la punta de la nariz y no en el largo plazo.

La respuesta difícil es porque no tenemos sentido de lo que es el turismo como actividad económica generadora de empleo, como herramienta contra la pobreza extrema y la inclusión social, como la que desarrolla infraestructura básica y complementaria en las zonas más extremas de nuestro país, lo que nos lleva a la conclusión de que el turismo no es política de Estado y mucho menos del Gobierno.

La solución es educar y sensibilizar a nuestra población para que valore su identidad y con ello su patrimonio cultural y natural, generando conciencia de que a través del turismo podemos crear millones de empleos, preservar nuestras riquezas y —lo más importante— unirnos para salir del subdesarrollo. La semilla es la creación de un ministerio de turismo, ágil, dinámico, nada burocrático donde el protagonismo lo tenga el sector empresarial como aliado estratégico de su crecimiento; donde la infraestructura se construya pensando en las personas antes que en las mercancías, donde en los colegios se enseñe el respeto al ser humano y a sus propiedades, donde el burócrata se convierta en un facilitador del desarrollo. Demos el paso y no tengamos miedo, total, según Apoyo, el 86% de la población considera conveniente la creación del ministerio de turismo, entonces popularmente es factible.

Por: Carlos Canales -Ex presidente de Canatur
El Comercio, Editorial