Al haber sido incluida en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, Caral alcanza su real peso e importancia y se gana el título de ciudad más antigua de América (tiene una antigüedad de 5.000 años).

La ciudad sagrada de Caral fue el asentamiento principal de una de las primeras civilizaciones del mundo, coetánea con la India, Mesopotamia, China y Egipto. De hecho, se adelantó en 1.500 años a los habitantes de Mesoamérica y en más de 3.000 años a la sociedad maya, además de que sus geoglifos antecedieron en más de 3.000 años a las Líneas de Nasca. Por si fuera poco, Caral fue construida por el primer estado político que se formó, en lo que después sería el Perú, 4.400 años antes de que gobernaran los incas.

CUESTIÓN DE ORDEN
Para entender Caral es indispensable saber primero por qué es considerada una ciudad-estado. Son varios los motivos: primero, porque tenía una clara división del trabajo, donde los de rango inferior eran la fuerza de trabajo para todas las obras que requería el estado. Segundo, porque hubo una clase social dominante que empleó la religión como controlador social. Finalmente, porque hubo una estructura diferenciada de clases sociales que le permitió tener una administración organizada, gracias a una compleja y extensa red de trueque de productos (algodón y zapallo se intercambian con productos marinos, provenientes de otros poblados costeros). Asimismo, se hallaron plantas naturales de la selva, como el achiote y tutumo, y restos de cóndor y perico cordillerano, provenientes de la sierra.

DESCUBRIMIENTO
Desde 1949, diferentes arqueólogos, tanto peruanos como extranjeros, estuvieron recorriendo la zona y haciendo investigaciones. El arqueólogo norteamericano Paul Kosok, acompañado por Richard Schaedel, sostuvo en 1965 que Chupacigarro (nombre con el que se conocía a Caral en esa época) debía ser muy antiguo, pero no pudo demostrar qué tanto.

Vinieron luego estudios e investigaciones del arquitecto peruano Carlos Williams, el arqueólogo peruano Francisco Merino y el arqueólogo francés Frederic Engel. Este último, en su libro “De las Begonias al Maíz” publicado en 1987, sostuvo que Chupacigarro pudo haber sido construido antes de que apareciera la cerámica en los Andes (1800 a.C.) pero sus afirmaciones no fueron valoradas.

La Dra. Ruth Shady, a través de su libro “La Ciudad Sagrada de Caral-Supe en los albores de la Civilización en el Perú”, publicado en 1997, sustentó abiertamente la antigüedad precerámica que tiene Caral, afirmación que ha sido corroborada de una forma incuestionable a través de continuos años de excavaciones y estudios en la zona.

EN EL LUGAR
Cuando uno recorre Caral trata de imaginarse cómo vivieron sus habitantes y cómo debieron haberse visto las grandes pirámides. Ahora vemos imponentes estructuras piramidales hechas de piedra, pero en su momento estuvieron revestidas con capas de pintura blanco-plomizo-crema y roja.

En sus grandes plazas circulares se congregaba la gente para celebrar los rituales religiosos, donde la música y el culto al fuego eran muy importantes. Prueba de ello son los altares de fuego sagrado, recintos con un único ingreso donde se incineraban ofrendas como pago por algún favor pedido a los dioses. Otro hallazgo importante han sido 32 flautas elaboradas con huesos de ala de pelícano, decoradas con dibujos de monos, serpientes, aves y figuras humanas.

La ciudad se divide en una zona nuclear y una zona marginal. En la parte central o nuclear las construcciones se distribuyen en dos grandes mitades: la parte donde lo más sobresaliente es la pirámide mayor y la pirámide de la huanca. Se llama así porque está alineada con una huanca (piedra larga hincada en el suelo), cuya función seguramente debió ser astronómica.

En la parte baja se ubican las edificaciones de menores dimensiones donde destacan el templo del altar circular y la pirámide del anfiteatro. En el piso de este anfiteatro se hallaron las 32 flautas antes mencionadas.

Las viviendas se dividieron en dos tipos. Unas anexadas a las edificaciones públicas y otras en la periferia de la ciudad. Las primeras fueron habitadas por gente de mayor rango, como los funcionarios públicos. Las segundas eran casas más sencillas y ocupadas por ciudadanos comunes, dedicados a las labores de producción.

Para orientar a los turistas y también para evitar que la gente traspase el perímetro por donde se debe recorrer el complejo, se pide a todo el que ingresa que las visitas sean guiadas por orientadores turísticos locales. El costo es de S/.20 por grupo de hasta 20 personas. Este recorrido es en español, pero toda la zona arqueológica está señalizada con paneles muy didácticos tanto en español como en inglés.

Le recomendamos quedarse un fin de semana y recorrer con calma Caral y sus alrededores. Hay otros atractivos —como vemos en este especial de ¡Vamos!—. No se arrepentirá, pues en esta ruta no solamente conocerá lugares dignos de orgullo para todos los peruanos, sino que también encontrará una oferta gastronómica de primera y parajes donde podrá disfrutar con toda la familia.

¿QUIÉNES VIVIERON EN CARAL?
Al visitar Caral nos sorprende las dimensiones de las estructuras piramidales y la primera pregunta que nos viene a la mente es: ¿Quiénes fueron los constructores de estos edificios dedicados exclusivamente al culto? Lo más sorprendente es que en realidad, aparte de algunos conjuntos residenciales que fueron ocupados al parecer por gente dedicada a mantener las ceremonias, la mayoría de la población vivía en pequeños asentamientos ubicados en los valles aledaños y se dedicaban a la pesca y a la agricultura incipiente. Estos se organizaron para construir, mediante especialistas, las monumentales obras en una época en que aún no se había descubierto la cerámica.

ALLÁ VAMOS
El horario de visita es: lun a dom de 9 a.m. a 5 p.m. Tarifas: adultos S/.11,20; universitarios y docentes, S/.3,60; escolares y jubilados, S/.1.

Hay servicios higiénicos a la entrada de la boletería.

El sol es fuerte la mayor parte del año, por lo que es indispensable llevar protector solar, gorro y sobre todo, agua. También calzado cómodo.

Caral está situada en el distrito de Supe, provincia de Barranca, a 3 horas en carro desde Lima.

Hay dos caminos para llegar a Caral. Uno se ubica en el km 184 de la Panamericana Norte (antes de Supe). Se recorren 23 km afirmados entre campos de páprika, zapallo y algodonales.

El otro camino está a la altura del km 160 de la Panamericana Norte, en el desvío de Végueta. Son 24 km afirmados, con poca señalización.

Por: Mylene D’auriol
Vamos!