Desde hace seis años, Uriel Tapara Mamani (30) se levanta muy temprano, se enfunde su traje, que incluye un tocado y telas de tapicería, y camina rumbo a la calle Hatun Rumiyoc, donde se encuentra la piedra de los doce ángulos de la ciudad del Cusco, uno de los mejores ejemplos de la ingeniería del Tahuantinsuyo. De 7 am. a 7 pm. él es su protector.

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“Tengo la misión de protegerla de aquellos que quieren tocarla, pues incluso el contacto con las manos la afecta, y de los que, en algunos casos, quieren llevarse parte de ella por creer que los acompañará el misticismo que rodea su historia”, refiere Tapara, quien hizo sus primeras actuaciones en el colegio Ciencias, uno de los más emblemáticos de la ciudad.

Dice que los rasgos físicos y el manejo de la lengua quechua que posee lo ayudan, y es cierto. En más de una ocasión los turistas le preguntan sobre su pasado y no pierden la oportunidad de tomarse fotografías junto a él y, obviamente, con la piedra de los doce ángulos, que descansa en una pared que hoy forma parte del Museo de Arte Religioso.

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“Antes había gente malcriada que dañaba la piedra con cortaúñas o lapiceros, acelerando el proceso de su deterioro, ahora parece que hay más conciencia sobre ello sin embargo no hay que descuidarse. Personal del Instituto Nacional de Cultura y la Policía también prestan su ayuda, sobre todo cuando acaba mi turno”, explica.

Tapara asegura que no se cansa de estar sin sentarse las horas que hace de fiel protector. “Este trabajo lo tomo como un ensayo para cuando pueda representar al inca en la fiesta del Inti Raymi, de acá a algunos años, que es una de mis metas. Para ser el inca de dicha ceremonia debo tener más edad, voy a esperar”.

Según su relato, desde hace 13 años actúa en teatro con representaciones ceremoniales andinas que incluyen danzas del Tahuantinsuyo y en todas ha hecho las veces de inca. Solamente le faltaría el Inti Raymi para sentirse más completo.

“Ya llegará el momento, por lo pronto es agradable sentir la simpatía de los turistas que al verme piensan, al menos por un instante, que soy el inca y me fotografían”, afirma, poco antes de alistarse para la hora de salida.

Después de las 7 de la noche, Tapara regresa a casa por la calle Hatun Rumiyoc, refugio de Inca Roca, y que transportaba al Antisuyo, en la zona oriental del dominio inca. Hasta aquí, dice, llegó esta semana parte de la comitiva de dignatarios que arribaron en una breve visita a la Ciudad Imperial.

La piedra de los doce ángulos es considerada única en el mundo y, de acuerdo a los pobladores, quien no conoce esta reliquia inca no conoce Cusco. De allí la gran cantidad de visitantes que la admiran y la necesidad de protegerla.

(FIN) VVS/JOT