Vibrante Iquitos: La jovial y bullanguera ciudad que vive bajo la ley de la selva

Vibrante Iquitos: La jovial y bullanguera ciudad que vive bajo la ley de la selva
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En una esquina de la Plaza de Armas de Iquitos está la Casa de Fierro. Una construcción hecha por Gustave Eiffel -el mismo de la torre en París-, que a las 12 del día parece un horno plateado gigante. A esa hora enormes olas de calor inundan la capital de Loreto y se puede disfrutar de uno de los más grandes placeres de la ardiente selva: una cerveza bien helada o un refrescante chupete de aguaje. Las 12 campanadas de la Iglesia Matriz, que se yergue en otra esquina de la plaza, también son la señal para que la mayoría de comerciantes cierre sus puertas. Hasta las dos de la tarde –inclusive algunos se siguen de largo hasta las 4 pm- la ciudad reduce su intenso ritmo y procura mantenerse a la sombra y dormir. A la naturaleza se le respeta.

Iquitos está separado del resto del Perú. La única forma de llegar hasta allí es a través de aviones o por el río Amazonas. La entreverada selva la ha aislado como una civilización perdida que encontró la felicidad y prefiere mantener su secreto alejado del resto del país. Parte de esa alegría se encuentra en los conciertos de Explosión, una banda de música chicha que genera pasiones en Iquitos. Sus presentaciones son un éxito asegurado y las explanadas de los colegios a las afueras de la ciudad se llenan con cientos de personas que se mueven al ritmo de la cumbia andina. Los iquiteños bailan dando saltitos y moviéndose con una gracia desconocida. Los que vienen de cualquier otro lugar, encandilados por el ritmo de los locales y ese baile casi silvestre, tratan de imitarlo, pero siempre terminan haciendo el ridículo.

Vamos pal monte

Iquitos también es punto de partida para internarse en una selva, que cada vez tiene menos lugares vírgenes. Desde los principales puertos de la ciudad parten barcos repletos de viajeros ansiosos por tener una experiencia que los aleje de su agitada vida de asfalto. Uno de los principales terminales es Puerto Belén, un importante centro de abastecimiento con gran movimiento de embarcaciones. En la zona de Alto Belén está su famoso mercado, un lugar imperdible donde se puede encontrar sabrosa gastronomía: la chonta (médula de palmera deshojada en tiras) es la base de todas las ensaladas y es tan delicada que se deshace en la boca; el clásico juane de gallina, masa de arroz sancochada y mezclada con huevo, gallina en presas y envuelta en hojas de bijao; decenas de pescados esperan su turno para ser cocinados en una patarashca; el plátano está por todas partes en la selva y es la base para el tacacho, que es la banana machucada, remojada en manteca y con incrustaciones de chicharrón. Pero si de platos exóticos se trata nada mejor que degustar un suri frito (larva de escarabajo dorada en manteca) o una siquisapa tostada (hormiga frita ). Ya satisfecho, remoje el paladar con un refresco de camu camu, fruta oriunda de esta zona.

Para los que no les gustan los viajes largos por el río o sentirse alejados de la civilización, hay una opción cerca de la ciudad. Se trata de la Laguna de Quistococha. Un parque que alberga un zoológico y donde se puede disfrutar de un refrescante baño rodeado de un maravilloso paisaje. Otra opción está a 20 kilómetros de Iquitos. A un costado de la carretera que conduce a Nauta está la Reserva Nacional Allpahuayo Mishana, una zona que mantiene un perfil bajo porque es un área reducida, pero mantiene una invalorable cantidad de flora y fauna. No espere encontrar un otorongo por sus senderos, pero si muchas aves y la experiencia de caminar en medio de la verdadera jungla. El lugar protege la mayor concentración de bosques sobre arena blanca, que aquí son conocidos como “varillales”. Los chamizales, como también se les nombra, constituyen un ecosistema único debido a que la pobreza extrema de sus suelos ha determinado la presencia de una biodiversidad impresionante y singular sobre la vegetación. En Allpahuayo – Mishana se han quebrado varios records en diversidad biológica.

Una vez de vuelta en la ciudad, vale la pena recorrer el histórico Malecón Tarapacá donde hay un grupo de mansiones construidas durante la fiebre del caucho (comienzos del siglo XX), una época en la que el Perú era uno de los principales exportadores mundiales de ese producto. Años de derroche, codicia y esclavitud en los que se generaron enormes fortunas hechas con el mal pagado sudor del hombre de la selva. La suntuosa fachada del ex hotel Palace,  es una construcción de estilo art noveau que data de  1908. De similar estilo son las casas Morey, Fittzcarrald y Barcia. La noche iquiteña siempre empieza en el malecón que, hasta hace unas décadas, colindaba con el poderoso Amazonas que se desliza como una lenta y enorme boa de dos kilómetros de ancho. Hoy el río se ha alejado, pero el paseo sigue lleno de color y se viste de fiesta cada noche para recibir a la bohemia iquiteña que se reúne en bulliciosos bares.

Sin previo aviso las nubes cubren lo que hasta hace unos minutos era un sol radiante y llueve. Llover es un verbo que no grafica la magnitud de agua que cae sobre la selva en ese momento. Parece que un río celestial hubiera sido desviado y cayera sobre la ciudad. Minutos después el diluvio cesa y parece que será imposible caminar por las calles inundadas, pero el calor se encarga de evaporar con rapidez ese temor.

Como casi siempre sucede, la ley de la selva impone su acertado criterio.

Cómo llegar

Solo se puede llegar por avión o barco. Lima – Iquitos (1h 30 min). Desde Pucallpa y Yurimaguas se puede llegar a Iquitos por medio de embarcaciones que navegan los ríos Ucayali y Amazonas.

Consejos

Si va a realizar caminatas siempre es bueno tener a la mano botas, pantalón y prendas de manga larga. También zapatos de trek y mucha agua.

El repelente para los mosquitos le puede salvar la vida.

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