Arequipa, ruta de casonas e historias

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No había pasado ni un solo día del viaje y ya comenzábamos a entender por qué Arequipa en algún momento de su historia quiso independizarse y formar una nueva nación. Aquí todo funciona como reloj, sus calles no solo son hermosas sino también limpias y adornadas con flores de vistosos colores, y esto no solo ocurre en el centro de la ciudad, también lo vemos hasta en su campiña.

Todo lo encontramos sorprendentemente pulcro y cuidado con mucho esmero y dedicación.

Los moradores que resguardan sus conventos, claustros, iglesias y mansiones nos esperan siempre con una sonrisa en la cara, dispuestos a enseñarnos orgullosos su preciado patrimonio.

En el centro de la ciudad parece que el tiempo no hubiese pasado por sus muros de sillar y sus monumentales fachadas.

Decidimos recorrer primero la ciudad y nos encontramos con varios ejemplos de casonas que están abiertas al público para mostrar sus salones como antaño: La Casa del Moral, el Palacio Goyeneche y la Casa Tristán del Pozo. Esta última junto a la Casona Irriberry han sido restauradas y funcionan como entidades financieras y sedes de centros culturales.

Nos sorprendió también que Arequipa cuente con el primer Museo de Arte Contemporáneo que alberga además de una respetable colección de obras de arte de renombrados artistas como José Tola, Gerardo Chávez, Alejandro Alayza y Teodoro Núñez Ureta, una muestra de obras de jóvenes artistas arequipeños . Este fue el primero de su tipo que se fundó en el país, mientras que en la capital se anuncia hace años con bombos y platillos cada ladrillo que se coloca en un futuro museo.

Pero, las piezas más sorprendentes que encontramos en Arequipa son las de arte religioso. No hace falta ser devoto de ningún santo para admirar su valiosa colección de custodias y coronas de las vírgenes, así como lienzos e indumentarias que alberga el Museo de la Catedral, el de la iglesia de Santa Teresa y el de la Compañía.

Cada iglesia tiene lo suyo: en la Catedral encontramos uno de los órganos más grandes y hermosos de Sudamérica, así como un púlpito que está sostenido por un diablo, imagen extraña de ver en este tipo de iglesias.

En el convento de La Recoleta hay originales museos de arte religioso donde destacan sus lienzos y el Museo Amazónico donde se encuentra una colección de animales disecados de la época en la que este claustro se convirtió en el colegio de los misioneros de los franciscanos descalzos, quienes trajeron de la selva toda clase de curiosidades.

Una visita indispensable es ir al Monasterio de Santa Catalina que ahora ofrece visitas nocturna los martes y jueves. En estos días podrá recorrer el claustro bajo la luz de la luna e iluminado con farolas. Es lo más cercano a la experiencia de vida que se tenía en este monasterio durante el virreinato.

Uno de los barrios mejor conservados de la ciudad es el de San Lázaro, que ha sido recientemente remodelado. En el camino está la tienda Mundo Alpaca donde encontrará los mejores ejemplos del diseño actual en este fino tejido. Acá hacen demostraciones de tejidos y una exhibición de maquinarias.

VALLES Y MOLINOS
Saliendo un poco del centro a las afuera de Arequipa, se encuentra la campiña, rodeada de antiguas andenerías prehispánicas y de imponentes volcanes que coronan sus valles.

Como testigos del tiempo, la Mansión del Fundador y el Molino de Sabandía han preservado el ambiente de las casas haciendas de esta parte de la campiña de la época en que la ciudad se confundía con el campo y los antiguas sistemas de molienda.

Tómese su tiempo en estos parajes para disfrutar del paisaje bajo la sombra de sus acogedoras buganvilias y para admirar con calma el panorama que lo rodea

Una parada clásica de regreso a la ciudad es el Mirador de Yanahuara donde obtendrá una vista panorámica del volcán Misti, que por cierto cada vez tiene menos nieve en su cima.

En la misma plaza donde se encuentra el mirador está la pequeña iglesia que representa uno de los mejores ejemplos de arte mestizo de la región.

Recuerde que en el museo Santuarios Andinos de la Universidad se exhibe por estos días el cuerpo naturalmente momificado de la momia Juanita. Por motivos de conservación, los restos solo pueden ser visitados por el público de abril a diciembre así que aproveche si su viaje coincide con esas fechas.

Una novedad por estos lares es la recuperación de los tambos. Estos son espacios reconstruidos que funcionaron durante el virreinato como albergue de los arrieros que están llenos de historias. Incluso algunos funcionaron como prostíbulos, como el tambo La Cabezona que pasó por un proceso de restauración y que fue visitado hace poco por los príncipes de Asturias. En sus muros podemos ver todavía las huellas de pinturas eróticas y reconstruir los relatos de la época.

Por: María Helena Tord – Vamos!

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