Cajamarca y su verde valle

Sus bucólico paisajes, sus montes, el clima, sus frescos productos agropecuarios y su gente acogedora y cordial lo convierten en uno de los mejores destinos de viaje en el norte del Perú.

Mi primer contacto con Cajamarca lo tuve en la selva del Alto Marañón, cuando vivía con los aguarunas y huambisas. Los ‘apach’, los extranjeros de la selva, eran en gran parte ‘cajachos’, forma de designar a los cajamarquinos. Estos habían llegado de Cutervo, Chota o Santa Cruz a buscar nuevas oportunidades de vida entre los ríos y los árboles de los nativos.

Recuerdo especialmente a los hermanos Gómez. Con ellos aprendí a hacer el yonque o licor de caña, a curar las ‘fiebres internas’ con los pelos de la mazorca del maíz y a buscar sirenas y ‘chullachaquis’ en las quebradas y en el bosque. Rogelio, a quien todos llamábamos ‘Rambo’ a pesar de su extraordinaria delgadez y escaso tamaño, me detectaba los huesos que a veces se me salían por accidentes en el trabajo de campo, y me los ponía preciso en el lugar que les correspondía. De pequeño tuvo su visión y se convirtió en huesero, en realidad, era el único traumatólogo de toda esa selva.

Felizardo me enseñó, como hicieron los nativos, a conocer los sonidos de los animales para perseguirlos en la espesura de la selva y a tejer las hojas de yarina para los techos de la casa. En la selva me encontré con unos cajamarquinos recios, tercos, que llevan la agricultura, el campo y la ganadería en sus genes, productores del único queso que se consumía a tres días a la redonda y siempre con sus enormes sombreros blancos de toquilla, en los que a veces cargaban el agua de los ríos.

CAJAMARCA PROFUNDA
Ellos me abrieron la curiosidad para conocer uno de los lugares a los que más simpatía tengo en el Perú y cuya historia se remonta hasta el 3.000 a.C., tal como lo confirman los restos arqueológicos de Otuzco, Layzón y Cumbemayo.

Cajamarca es diversa y eso la hace atractiva. Siempre sale el sol y cuando llueve se vuelven más verdes sus valles y montañas.

Su gastronomía es rica en productos libres de transgénicos. Sus campos permiten los deportes de aventura, el contacto con la naturaleza o, como ocurre en Granja Porcón, La Encañada o Sulluscocha, disfrutar de las mejores experiencias de agroturismo del Perú.

Sus montañas están atravesadas por cañones, cataratas, lagunas, bosques de piedra como el de Cumbemayo y, además, áreas protegidas como el maravilloso Parque Nacional de Cutervo.

CEMENTERIO DE MIL COLORES
En su ciudad se conserva una hermosa arquitectura que viene de la época de los incas y del Virreinato, además de los famosos baños termales, las ventanas de Otuzco y Combayo y el cementerio de colores de Huambocancha.

Cajamarca fue también punto estratégico del imperio incaico por ser ruta de enlace entre el Cusco y Quito y es donde se conservan ricas expresiones culturales manifiestas en textiles, sombreros de paja como los de Celendín, cerámica y trabajos en piedra.

El ‘cajacho’ siempre me ha acogido y ha compartido conmigo, en su tierra o en la selva, lo que tenía. Con los hermanos Gómez construí mi casa selvática donde viví mis últimos años en el Marañón.

Me sentía el rey. Un rey que acabó llorando como un niño cuando tuve que venderla y dejar la selva y a mis amigos cajamarquinos.

Por: Iñigo Maneiro – Vamos!

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