Cusco, Valle Sagrado y Machu Picchu pueblo

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La subida se realiza en una caseta, la cual debe ser impulsada hidráulicamente hasta una altura de 122 metros sobre el suelo, es decir, más arriba de la cima del edificio más alto del Perú. A lo lejos se ve la carretera. Abajo todo es diminuto. El momento crucial es dar el paso al vacío. Algunos se arrepienten y regresan por donde vinieron. Para los que saltan, todo pasa en segundos. No hay tiempo para comprender lo que sucede. Lo que resta son unos minutos más colgados de una cuerda elástica que va asegurada a los pies.

El bungee jumping ya es un poco añoso, pero la sensación que produce la caída libre sigue siendo inédita. Los operarios del Action Valley en el Cusco lo saben y por ello proceden en cada salto con rigurosa meticulosidad. No existe una edad mínima, pero saltadores menores de 18 años deben estar acompañados por sus padres o apoderados o presentar una declaración firmada. Miembros de Action Valley –que se ubica a solo 11 kilómetros de la Ciudad Imperial– señalan que a la fecha la persona más joven que se lanzó tenía 9 años y la mayor 75 años.

La versión inversa del bungge es el slingshot. El voluntario es catapultado por los aires a 130 kilómetros en 3 segundos. El cuerpo sujetado a un arnés de seguridad va y viene por los aires y comienzan los incontrolables giros. Otras actividades que pueden realizarse en este parque de aventuras son el paintball y climbing wall.

POR LOS AIRES
Los guías de Natura Vive la tienen clara. Trabajan en esto, pero si no fuera así, intuimos que igual estarían ataviados con cuerdas, arneses, guantes y mosquetones todo el tiempo posible. En el Valle Sagrado ellos nos ofrecen dos actividades: vía ferrata (camino de hierro) y zip-line (una especie de canopy).

La primera nos brinda la sensación más cercana a escalar. El ascenso se realiza a través de una sucesión de pasos metálicos incrustados en la roca, hasta una repisa ubicada a 300 metros del piso. Desde allí se desciende a rapel desde unos 100 metros. Todo un clásico de montaña, ya que si bien esta es la primera vía ferrata del Cusco, en Europa son muy comunes.

La otra alternativa es seguir subiendo hasta los 400 metros, pasando por un puente colgante, techos y más repisas. Se pueden ver orquídeas, begonias, bromelias, y con mucha suerte hasta cóndores. Esta ruta no es tan montañera, pero le puede resultar más divertida, ya que la bajada implica pasar por una sucesión de 6 tirolinas o cables de acero, los cuales tienen una pendiente especial. La conexión se realiza mediante poleas y se pueden alcanzar velocidades de descenso de hasta 60 a 70 kilómetros por hora en cables desde 100 a 500 metros. La frenada es manual y por tanto, es indispensable contar con guantes especiales.

A diferencia del bungee jumping, las dosis de adrenalina aquí están dosificadas y espaciadas. La vista del valle desde arriba es maravillosa. Aunque no hay restricciones, es importante que las personas que se aventuren en estas actividades manejen bien su peso.

TRAVESÍA A PIE
No podemos hablar de aventura en el Cusco, sin referirnos al rafting. Son tres las principales opciones. La sección más popular es la de Ollantaytambo, que en esta época del año está en su tope. Recién se puede entrar porque el río está empezando a bajar. Esto es hasta diciembre. En época de lluvias, cuando el río está más alto, los botes se trasladan al sur, a Urcos. Esta es una sección clase 2-3, para gente sin experiencia. Finalmente, la sección de rápidos más fuerte la encontramos en Cusipata y Chuquicahuana. Hay que realizar un viaje de dos días en el que se acampa en el camino.

Fuera de las balsas siempre puede optar por una buena caminata. El paisaje cusqueño ofrece innumerables caminos. Desde Moray, donde están los andenes circulares, se puede caminar hasta la población colonial de Maras, donde viven unas mil personas. Si va un día normal no encontrará a nadie, pues todos están en el campo, pero si llega un domingo los verá en la iglesia.

Desde allí se sigue cuesta abajo hacia las salineras de Maras para continuar por la rivera izquierda del río Urubamba. Un desvío lo llevará a la pequeña comunidad de Pichicoto, donde viven unas 40 a 50 personas.

Si busca algo más exclusivo, la empresa Apumayo Expediciones ofrece, entre otras, una alternativa personalizada con camas, duchas con agua caliente, carpas de masajes y un menú gourmet con carta de vinos.

Si su viaje los lleva más allá del valle, camino a Machu Picchu, puede encontrar también rutas cercanas a Aguas Calientes. Putucusi es un destino interesante.

Para llegar, se debe realizar una caminata en subida de aproximadamente cuatro horas, más dos horas y media de bajada. En este trayecto se puede ver el bosque de helechos que tiene más de 300 años de existencia. Desde la cumbre se divisa Machu Picchu al frente. En épocas de lluvias es un poco peligroso, ya que hay mucha pendiente.

La ruta al Huayna Picchu es un clásico. Las cascadas de Mandor son un punto menos conocido. Se camina aproximadamente una hora, divisando aves, vegetación y cascadas. Desde allí se puede llegar a la central hidroeléctrica para ver el reloj solar y el observatorio astronómico. Si dispone de tiempo, un auto lo llevará en 10 minutos hasta Santa Teresa. Allí encontrará otro canopy conocido como cola del mono.

Si busca una alternativa a la ruta tradicional de Caminos del Inca, tome la que se inicia en el km 82 (donde empieza el Camino Inca de cuatro días), la caminata se inicia en paralelo a la línea férrea, a lo largo del río. Por este camino hay pocos turistas. A diferencia de la otra ruta montañosa, este camino es muy fácil, todo es llano. En el km 104 se sube a Winaywayna luego a Machu Picchu.

Por: Alberto Revoredo – Vamos!

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