Juli y los templos del Altiplano

Si hay un lugar que conserva los mayores tesoros y es un ejemplo del esplendor del virreinato en estas tierras, ese lugar es definitivamente Juli. Un destino no muy concurrido por los turistas que esconde un legado único digno de visitar en su próximo viaje al sur del Perú.

Denominado la Roma de América, este pequeño poblado del sur conserva monumentales iglesias que sobresalen en el paisaje de sus tranquilas y despobladas calles.

El paisaje creado por su impresionante arquitectura tiene su contraparte en el interior que lo sorprenderá. Cada una de sus cuatro iglesias, algunas ya convertidas en museos, tiene algo único por mostrar.

DE PIEDRA Y ORO
La proliferación de templos de gran envergadura en Juli se debe a que dos congregaciones —dominicos y jesuitas— formaron parte del proyecto evangelizador en esta parte de Puno y conservaron la estructura original inca de este territorio que la dividía en cuatro ayllus, que luego se convirtieron en barrios, cada uno con su propia iglesia.

TIERRA DE FE
El templo principal de San Pedro Mártir está ubicado en la Plaza Mayor de Juli y destaca por su arquitectura en piedra. Al interior un magnífico juego de sombras y luces alumbra sutilmente sus ricos retablos en pan de oro y los lienzos de gran calidad artística.

A solo unas dos cuadras se presenta la iglesia de San Juan Bautista, cuya apariencia exterior esconde una insospechada y fantástica nave que conserva pinturas de gran envergadura.

La arquitectura está sostenida por pilares labrados en piedra con diseños en los que se deja traslucir el aporte del arte indígena. Cielos estrellados en pan de oro, dinteles finamente tallados en madera y ornamentos en piedra son algunos de los fabulosos detalles que recrean la calidad artística que se logró en el siglo XVII en esta región.

Otro templo destacable es el de Nuestra Señora de la Asunción, que se encuentra sobre una colina que domina el valle y que tiene desde su entrada una poética composición formado por el arco de piedra y la torre.

En su interior llama la atención el delicado trabajo mural y los retablos pintados por el famoso artista italiano Bernardo Bitti.

Estos son unos de los tantos tesoros que guarda este antiguo poblado, no solo en piezas y arquitectura, sino también en la atmósfera del lugar que deja sentir la nostalgia de un esplendoroso pasado que vive en sus fabulosos templos.

TRADICIÓN DEL BORDADO
Gestur Puno ha implementado un centro artesanal llamado Bartolina de Olla con las mujeres tejedoras de Juli.

En el taller retoman sus antiguas técnicas para confeccionar coloridos mantos y bordados teñidos con tintes naturales, con los que adornan manteles, cojines y otras prendas.

Está ubicado a una cuadra de la plaza mayor.

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