El Perú a colores: imágenes de un documental de 1937

Cineasta de la MGM rodó a finales de los treinta un recorrido por las principales ciudades de nuestro país. Hoy, vemos una nación completamente transformada.

El primer registro cinematográfico del Perú a colores data de 1937. Un recorrido por las ciudades más importantes del Perú es el que registró en 1937 el cineasta y periodista James A. FitzPatrick, para la Metro-Goldwyn-Mayer, quien durante ocho minutos nos muestra una postal del momento en Technicolor.

Aunque ciertamente tendencioso y algo desinformado –básicamente al referirse a los “indios” al hablar de los nativos peruanos y al hablar de los mismos como un grupo limitado y minoritario- FitzPatrick recogió imágenes de un centro de Lima afrancesado, limpio, elegante y ordenado, con una vistosa Plaza San Martín y una Plaza de Armas rodeada de palmeras.

LIMA DE ORO
Perú –descrito como un país rico en recursos naturales y exportador de azúcar, café, petróleo, plata y cobre, entre otros- tiene como capital, según el documental, a una de las ciudades más modernas y elegantes del continente, que no tiene nada que envidiar a las principales urbes europeas.

Finos hoteles y teatros, el lujoso Country Club de Lima y el Club La Cabaña son puntos álgidos de la vida social de Lima, para el cineasta.

HUANCAYO, AREQUIPA Y PUNO
Tras ello, se muestran escenas de Huancayo, a donde FitzPatrick acude para presenciar el mercado artesanal dominical, hecho que se describe como “uno de los eventos más coloridos a ser vistos en todo el Perú”.

Luego, camino al lago Titicaca, una parada en Arequipa sirvió para conocer su blanca plaza de armas y explicar el origen de su nombre: “Ari quipay” (Sí, quédate aquí). Ahí se muestra a Tía Bates, una estadounidense que se mudó con sus padres a la ciudad sureña y ahí se dedicó a educar y “mejorar el estilo de vida” de cientos de niños arequipeños.

En el lago ya, las embarcaciones hechas de totora fueron lo que más llamó la atención del modus vivendi de los peruanos ahí. Los amaneceres y atardeceres “no dejaron duda de por qué los peruanos ancestrales adoraron al Sol”.

Cusco y Machu Picchu quedaron fuera del recorrido, pues su fama mundial comienza con la construcción de la vía carrozable hacia el Valle Sagrado, que data recién de 1948.

Por Hans Huerto – El Comercio

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