Chachapoyas y Leymebamba, parajes con gran pasado

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“Nincutman” es la promesa que la mayoría de turistas hace tras haber visitado Chachapoyas. Esa palabra perteneciente a la lengua de la zona no significa otra cosa que “voy a volver”. Y es que no hay barreras que importen cuando se trata de conocer un lugar lleno de restos históricos que hasta hoy asombran.

¿Cómo llegar?
Pese a que Chachapoyas tiene un aeropuerto totalmente reactivado, no hay vuelos comerciales por el momento. Puede volar hasta Chiclayo o Cajamarca y de allí partir por tierra. Si sale del primer punto, debe tomar la Carretera Fernando Belaunde Terry que pasará por Olmos y Bagua Grande hasta llegar a Pedro Ruiz. Si elige la segunda opción, tendrá que salir de Celendín para luego arribar a Leymebamba.

Una vez instalado en la ciudad se recomienda tomarse un día para descansar del viaje y aclimatarse (Chachapoyas tiene más más características de sierra que de selva por estar situada a 2.334 m.s.n.m.).

Para ello, podría optar por hostales que se ubican alrededor de la Plaza de Armas como el Casa Vieja, antes un convento que data de 1804, pero que hasta hoy conserva su arquitectura. Tiene habitaciones simples, dobles y matrimoniales.

Por otro lado, Villa París es uno de los nuevos hospedajes que ha apostado por esta zona. Ubicado a tres minutos de la ciudad, es un lugar en donde se respira paz. Cuenta con estacionamiento, movilidad, restaurante-bar, sala de conferencias, además, de búngalos.

PUNTOS ATRACTIVOS
En la misma ciudad está el Museo Etnohistórico Religioso de Santa Ana, ubicado en la plaza del mismo nombre, que fue la primera iglesia de indígenas edificada en el año 1569. Aunque sufrió constantes deterioros en su estructura, debido a los sismos que asolaron al país, hoy se mantiene en muy buen estado gracias al Proyecto Promartuc ejecutado por Cáritas y el Fondo Ítalo Peruano.

Lo mejor es que se ha logrado la recuperación del diseño original de la iglesia y ahora es el lugar donde se exhiben lo que un día constituyeron las manifestaciones artísticas y culturales de los antiguos chachapoyas, entre los que destacan los textiles. Allí, puede comprar trabajos hechos en tela como carteras, monederos y recuerdos. La entrada para turistas es de S/.6 y la de universitarios, S/.3.

MARAVILLOSAS FUENTES
Las cataratas pueden parecer poco impresionantes a simple vista, pero para los que logran llegar a sus pies la experiencia es única. Y si esa caída de agua es una de las diez más altas del mundo, como es el caso de Gocta, conocerla se convierte en una máxima sobre todo en época de lluvia (diciembre a abril), que es cuando el caudal crece.

Para llegar a ella, se parte de Pedro Ruiz con dirección a Chachapoyas y se toma el desvío hacia Cocachimba, en el km 16. Debe saber que este poblado comparte la catarata con otro, debido a que Gocta consta de dos caídas de agua (la superior le pertenece al caserío de San Pablo). Como es evidente la mayoría de rutas se hacen desde Cocachimba, en donde el viajero puede disfrutar de un refrescante baño al pie de sus aguas, punto al que se arriba luego de dos horas de caminata. En el trayecto apreciará especies como el gallito de las rocas, colibríes y tucanes, además de flores como las orquídeas. Solo asegúrese de llevar ropa cómoda para caminar, bloqueador, repelente, así como protección para la lluvia: botas de hule e impermeable, que puede alquilar en el lugar. Eso sí, cuatro horas de excursión (ida y vuelta) por caminos empinados pueden agotarlo en algún momento. Por ello, otra opción es rentar caballos para hacer el recorrido, a solo S/.25. En cuanto a las entradas generales para visitar la catarata de Gocta, los adultos pagan S/.5, mientras que los niños, S/.2,50.

Si quedó prendado del lugar y desea quedarse algunos días o simplemente quiere descansar antes de partir, está el Gocta Lodge, hospedaje ubicado en el mismo poblado y que posee ocho habitaciones y dos suites con balcón privado y el plus de contar con una vista privilegiada: la dos caídas de la catarata.

LEYMEBAMBA

Lo más representativo de este lugar, situado a 79 km al sur de Chachapoyas es, sin duda, su museo, que abrió sus puertas hace nueve años gracias a un aporte extranjero y por el impulso del Centro Mallqui que preside la bioarqueóloga Sonia Guillén. El lugar cuenta con tres salas: una que alberga el material recuperado de la laguna de los cóndores (destino que se visita partiendo de Leymebamba a caballo unas ocho horas), otra área etnográfica que muestra las diversas actividades de los antiguos chachapoyas y un último salón en el que se dan a conocer los resultados de los hallazgos arqueológicos así como información sobre las fiestas del lugar. Las tarifas: S/.10 para adultos y universitarios y S/.1 para los escolares. Si planea pasar por allí y hacer el recorrido hasta la laguna, debe saber que existen hospedajes con agua caliente y teléfonos públicos. La Casona de Leymebamba es uno de ellos.

Muchos consideran que Chachapoyas tiene más de un patrón, por lo que son muchas las fiestas que se celebran. Por ello, si admira y siempre está en busca de las danzas y celebraciones de un lugar, debe viajar en las siguientes fechas: Festividad de la Mamá Asunta el 15 de Agosto, aunque empiezan una semana antes; la del Señor de Gualamita que se celebra del 10 al 15 de setiembre en la provincia de Luya. Y claro, no se puede perder la semana turística de Chachapoyas del 1 al 7 de junio en donde se llevan a cabo actividades sociales y culturales. En esta destaca el festival de danzas Raymillacta de los chachapoyas, en el que las comunidades del departamento reúnen a sus danzantes para mostrar lo mejor de su folclor.

Son muchos los esfuerzos que se hacen hasta el momento para facilitar la llegada de visitantes al departamento de Amazonas (lugar que forma parte del circuito turístico nororiental junto con Chiclayo y Cajamarca). Uno de los que apoyan esa causa es la Asociación de Operadores de Turismo (ADOTUR). Ahora solo falta que usted, turista nacional, aprecie estos tesoros que muchos extranjeros desearían tener en su tierra.

ORGULLO NACIONAL

Con motivo de la celebración de su aniversario 25 de publicación, la revista “National Geographic Traveler”, en su edición de octubre, elaboró una lista con los últimos 50 atractivos mundiales que se deben visitar en una vida. Y Kuélap, por supuesto, aparece en esta. Por ello, siempre es bueno visitar y regresar a Kuélap, ya que los descubrimientos nunca terminan. El último se dio en la zona conocida como el torreón, donde se han encontrado 80 cadáveres calcinados, materia de estudio aún.


Por: Fiorella Carrera Díaz – Vamos!

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