Tour arqueológico por La Libertad y Lambayeque

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Escápate al pasado, La Libertad y Lambayeque nos ofrecen un imperdible tour arqueológico con nuevos hallazgos y mucho oro. El Bosque de Pómac es la parada final.

Cada vez que retorno a Chan Chan, siento que el mundo se conecta nuevamente con mi ser. Y no es una metáfora; de hecho, en esta ciudadela de barro llena de laberintos aún se respira la alucinante cosmovisión de vida y muerte de nuestros antepasados chimú. Por ejemplo, se presume que en la explanada del palacio Nik-An (antes Tschudi) se realizaban sacrificios humanos bajo el influjo del San Pedro.

Cerca del mediodía, la escasa luz del sol de Trujillo llega apenas a iluminar los frisos de los muros de adobe. Así, nuestra curiosidad nos lleva hacia el palacio —ain-An, donde los restauradores desenterraban 17 estatuillas de madera empotradas al suelo, el hallazgo más importante de los últimos años en Chan Chan.

Antes de subirnos a la camioneta rumbo a Chiclayo, nos preparamos para soportar los 210 km de trayecto sentados bajo el sol. Solo el vaivén de los cañaverales del valle de Chicama nos refresca hasta arribar al Complejo Arqueológico El Brujo, donde se pueden apreciar la tumba, los tatuajes y el valioso ajuar funerario de la Señora de Cao, la única mujer gobernante del país que se conoce.

Pero existen más sorpresas sobre la piel del distrito de Zaña. En el Complejo Arqueológico Sipán descubrimos que se viene excavando una tumba de 14 metros de un noble mochica, impenetrable al vértigo que nos produce mirarla desde esa altura. La osamenta, de 1.68 metros, se expone en el lugar.

Tras asombrarnos con las máscaras y con el oro de los museos Tumbas Reales de Sipán y Sicán, llegamos al Bosque de Pómac, donde vemos a una ardilla trepar a un árbol de sapote para huir de un zorro sechurano. Aquí, la vida existe. Y en abundancia. Cuidémosla.


Por Martín Sánchez Jorges – Peru21

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