¿Por qué Ministerio de Turismo?

Cuando los dirigentes de turismo ya no saben cómo ocultar su inoperancia, recurren al salvavidas de siempre: “hace falta un Ministerio de Turismo”. Como si el Viceministerio de Turismo fuera una oficina fantasma; como si PromPerú necesitara de una resolución ministerial para hacer una campaña de promoción decente; como si la Nueva Ley General de Turismo solo pudiera ser aprobada por el Congreso si hubiera más burocracia; como si la unión de gremios privados solo se pudiera lograr amarrándolos a todos con un fajín ministerial.

Veamos un ejemplo. En 2002, gracias a la unión de públicos y privados, se consiguió uno de los logros más importantes del turismo peruano: el fondo de promoción. Cada billete aéreo internacional fue recargado con US$ 15.00. Son más de 20 millones de dólares anuales que utiliza PromPerú para promocionar el turismo. En siete años de existencia del bendito fondo, ¿han logrado los del sector privado tener injerencia en la forma en que se gasta? Casi nada. Peor aún, al ser fusionado PromPerú -que solo veía turismo- con PromPex -que solo veía Comercio Exterior- nadie puede asegurar que el destino del fondo sea integro para la promoción de la industria sin chimeneas. Hasta la fecha nadie ha dado explicaciones ni nadie las ha pedido.

Por eso es mejor refugiarse en un Ministerio de Turismo. Porque es más fácil echarle la culpa al Estado que a la falta de coraje de los privados. ¿Realmente es necesario un ministerio para que los hombres reaccionen?

En todo caso, tanto que lo reclaman, aquí lo tienen. Esto es Ministerio de Turismo.

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