Choquequirao; mucho por descubrir

Cuentan que Choquequirao fue una ciudadela construida rápidamente por Manco Inca con el fin de servir de bastión contra la invasión de los conquistadores del nuevo mundo, pero todo parece indicar que estos nunca pisaron el lugar.

Para acceder a esta maravillosa construcción de piedra es necesario tener tiempo y, sobre todo, muy buen estado físico, ya que la caminata requiere de gran esfuerzo durante sus casi 32 kilómetros de ida y 32 de vuelta por un camino bastante difícil y por momentos casi inaccesible.

SE INICIA LA RUTA

Hay varias vías de acceso hasta Choquequirao. La nuestra comenzó en la ciudad del Cusco, donde tomamos colectivo en el paradero de Arcopata y luego de tres horas estábamos en Curahuasi, lugar que dicen es la cuna del anís (el olor de toda la ciudad no nos hizo dudar de esto). Una vez aquí fue necesario tomar otro colectivo hasta el ramal de Cachora. El tiempo de viaje fue de 30 minutos. En este desvío tomamos el colectivo que nos llevó hasta el pueblo de San Pedro de Cachora tras unos 30 minutos más de viaje.

Encontramos allí Los Tres Balcones, un acogedor hostal donde tomamos los servicios de un arriero y un caballo para llevar mochilas, carpa, bolsas de dormir y comida necesarios.

A las 7 de la mañana del día siguiente empezamos el largo camino. Al principio todo parecía tranquilo, poco esforzado y realmente posible. Nos acompañaba la maravillosa vista del nevado Salcantay y el sonido intenso que hacen los insectos que aquí viven. Luego de 10 kilómetros y cinco horas aproximadamente llegamos a la primera parada: El mirador de Capulilloc. Este lugar se encuentra en la punta de un cerro, desde el cual recién se puede tener una idea de todo el camino que hay que recorrer para llegar hasta Choquequirao.

Luego de dos horas más llegamos a la siguiente parada, Chikiska, donde fue posible darse un reconfortante baño en una ducha artesanal de agua fría, comer y tomar algo, a pesar de los elevados precios.

Al cabo de una hora y media más de camino de bajada llegamos a Playa Rosalina, a los pies del río Apurímac. Justo antes de cruzar por el puente colgante existe una caseta del INC donde todos deben quedar inscritos en una especie de registro.

Lo que sigue es realmente intenso. El camino se teje sinuoso y empinado sobre la ladera del cerro y los mosquitos no tienen piedad. Luego de unas cuatro o cinco horas de caminata sin tregua llegamos a Santa Rosa Baja. Aquí también pudimos encontrar baños y una ducha de agua fría que nos dio una buena cura para eso a lo que los lugareños llaman “mujurki” (dolor muscular). A media hora está Santa Rosa Alta y unas tres horas más adelante nos espera Marampata, donde se puede acampar antes de llegar a las ruinas. El camino desde Marampata hasta Choquequirao dura cerca de hora y media y es realmente agotador, tomando en cuenta que hay tramos de subidas y bajadas.

Finalmente, llegamos a Choquequirao, exhaustos pero orgullosos de nuestra hazaña. Una soledad inmensa nos acompaña y solo escuchamos el sonido del viento haciendo mover el follaje. Al fin tenemos la gran ciudadela de piedra frente a nosotros.

MÁXIMO PROVECHO
Trazamos una salomónica ruta para abarcar lo más que se pudiera en las escasas cuatro horas que teníamos para visitar las ruinas, ya que llegamos a la una de la tarde y debíamos salir como máximo a las 4 para poder volver con luz hasta Marampata.

Empezamos el recorrido por la plaza principal, una enorme alfombra verde rodeada de varios edificios de piedra. A los pies de esta se encuentra una gran cadena de andenes y a la mano derecha encontramos una colina a cuyos pies se ubican lo que dicen que eran las habitaciones de los sacerdotes.

En la cima de la colina hay un enorme círculo plano que hacía las veces de lugar de sacrifico. Desde aquí la vista de todo el complejo es impresionante.

El sector Las Llamas se encuentra en la parte trasera y baja de la plaza principal. Este lugar es una cadena de andenes donde podemos apreciar formas de llamas hechas en piedra de cuarzo e incrustadas en las paredes.

Hacia la parte superior de la plaza principal encontramos la segunda plaza, con una serie de edificios a su alrededor y un sistema de acueductos.

A las 4:30 de la tarde salimos de Choquequirao con destino a Marampata. Una enorme satisfacción de haber logrado visitar estos maravillosos restos arqueológicos nos invade, pero también la idea de que quizá sea la única vez que estemos aquí, pues la travesía hasta este lugar es realmente extenuante y el regreso hasta Cusco es igual de agotador.

ALTOS EN LA RUTA
Capulilloc: Es solo un mirador para tomar un breve descanso.

Chikiska: Primera parada donde puede comprar algo de tomar o comer. Hay baños, ducha, lugar donde darle de beber a los caballos y camping. El costo de la noche por carpa es de S/.1.

Playa Rosalina: Muy similar al anterior.

Santa Rosa Baja: Primera parada después de cruzar el río Apurímac.

Marampata: Penúltima parada antes de llegar a la ruinas. Preparan un reparador caldo de gallina.

Campamento del INC: Lugar más cercano a las ruinas. El costo de la noche por carpa es de S/.18.

Por: Viviana Salas
Vamos!

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