Nasca, más allá de las líneas

Cuenta la leyenda moderna que todo aquel que tome de las aguas que cruzan los canales dejados por los nascas, no tendrá otra alternativa que regresar y quedarse sobre estas tierras que en algún momento fueron fértiles hasta el exceso. Todos los nasqueños conocen un caso. Limeños, iqueños, ayacuchanos, de todas partes del Perú han tenido que rendirse ante el poder imantado de la tierra que adoró y protegió María Reiche, un ejemplo de vida, dedicación y amor, no solo para los sureños, sino para todo el mundo.

El sol no para en Nasca. Tiene una temperatura promedio anual de 30 grados centígrados y llega hasta los 37. En verano el sol no baja su intensidad durante casi todo el día; en invierno sale a partir de las 11 de la mañana y se mantiene hasta las 6 de la tarde. Y su humedad se mantiene en 50%. Es decir, los amantes del sol, tienen goce asegurado.

VAMOS A CAHUACHI
Hablar de las Líneas de Nasca está de más. Todos las conocemos, hemos aprendido de ellas en el colegio y en la universidad. Y si está en Nasca, está obligado a verlas. Otra obligación, no menos importante, es visitar Cahuachi. En el Museo didáctico Antonini, en donde funciona el Centro de estudios arqueológicos precolombinos (CEAP), encontrará los primeros estudios de Cahuachi, el centro ceremonial de adobe más grande del mundo. Es impresionante. Sus grandes muros de adobe y lo imponente que es su arquitectura lo dejarán asombrado, sin nada que envidiarle a cualquier resto arqueológico de importancia o alguna maravilla moderna.

Por ejemplo, crearon acueductos subterráneos que transportaban el agua de los andes hasta su pampa seca y los ayudó a poder cultivar y hacer más fértil esta parte de la costa. “Este lugar tiene una gran importancia y en los últimos años, con todo lo que hemos trabajado y descubierto, que apenas será el 1% de todo lo que nos falta descubrir, la gente ya empezó a conocer este centro ceremonial y espero que dentro de poco las autoridades le den la importancia debida”, comentó el arqueólogo italiano Giuseppe Orefici que trabaja en estas obras desde hace más de 25 años. Y, si tiene suerte, lo podrá encontrar en el museo.

AVENTURA Y DIVERSIÓN

Además de las cerca de 12 mil líneas que se han llegado a identificar en la gigantesca pampa de Nasca y el asombroso Cahuachi, esta zona del sur, aunque no lo crea, tiene más para brindarle a sus visitantes. Es cultura, es historia y también es aventura y diversión.

Si quiere hacer areneros o los más conocidos buggies, tiene tours que lo llevan a la duna más alta del mundo: Cerro blanco con 2.078 metros sobre el nivel del mar, donde la vista es impresionante. Acá, al igual que en Ica, podrá hacer sandboard y caminar por las siempre cambiantes dunas.

Lo bueno de Nasca es que es pequeño. Difícilmente se perderá y podrá caminar con bastante confianza y seguridad por el bulevar, en donde se concentran sus principales restaurantes y bares que dejarán satisfecho a su paladar. Eso sí, no espere comida típica de la zona.

Vaya a Nasca, conozca a su gente, su pisco (muy recomendable), sus paisajes, su historia, su arqueología y pase momentos que difícilmente olvidará.

Jack Lo Lau
El Comercio

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