Tiempo de Tarma

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El llamado «turismo rural» encuentra en Tarma excelentes opciones para desconectanos de la agitación urbana y darle un nuevo impulso al corazón.Tarma

Los niños que viven en Lima suelen despertarse con ganas de seguir enrollados en las sábanas y de salir de la cama solo para navegar por la red o ver la televisión. Los niños que
visitan con sus familias la hacienda La Florida, saltan de la cama a las seis de la mañana para no perderse el ordeño de las vacas en el establo, o para enrumbar hacia el corral donde jugarán con las ovejas a las que el día anterior pusieron nombres. Es probable que en este nuevo día aprendan a construir una casa en miniatura, con adobes y maderas, tal como se levantan las casas de los campesinos tarmeños. O que manejen un rato el tractor en los campos de alcachofa, o que monten a caballo y sientan la libertad que no encuentran en los departamentos de la ciudad y en las exigencias escolares.

Movida en los Corazones
Los padres de estos niños suelen pasear el malhumor en sus rutinas limeñas como si éste fuera una segunda piel: así es la vida, qué le vamos a hacer.
Sin embargo, cuando van a la Florida pueden salir de sí mismos desde el momento en que cruzan el portón de ingreso a la vieja, viejísima hacienda que los hospedará por varios días.
«Muchos de nuestros visitantes nos dicen a la hora de partir de vuelta, que algo se ha movido en sus corazones, que algo parecido a la espiritualidad los ha llevado a hacerse
promesas para su vida, a favor de su salud y su tranquilidad». Inge DaFieno, la esposa alemana de Pepe –los dueños de la hacienda– nos hace el comentario mientras caminamos por un inmenso sembrío de alcachofas bajo el sol tibio de las cuatro de la tarde, que define los objetos con la precisión de una plomada.
Escuchando la voz serena de Inge llegamos al pie de un eucalipto gigantesco y nos enteramos por Pepe de que el árbol fue traído por Antonio Raimondi en 1852 como parte de un gran almácigo de la misma especie, destinado a dotar al valle de Tarma de un medicamento natural contra las enfermedades bronquiales. La altura del eucalipto se acerca a los cien metros, quizás sea el más alto del mundo, aunque un turista europeo precisó que en algún lugar de Australia hay uno que mide un par de metros más.

Las Fases de la Luna
A la mañana siguiente, padres e hijos parten hacia Huaricolca, un lugar que muy pocos de ellos tienen mapeado en sus GPS interiores. Los comodones subirán en auto, los guerreros, a pie. Hay que tener en cuenta que el Capac Ñan pasa por acá y resulta un lujo recorrer ciertos tramos de esta maravillosa obra vial.
Los tarama, antiguos habitantes de estos valles, se valieron de las grandes cuevas que abundan en los cerros para guarecerse pero también para proteger sus tesoros, sus ideas y sus creencias.
Pintas Machay es el nombre de una de esas cuevas, a la que llegan los visitantes con sus hijos luego de una corta subida.
La oquedad conserva los secretos de una cosmovisión en pinturas hechas sobre las paredes rocosas que datan de distintos periodos, el más antiguo de los cuales se acerca al Paleolítico. Allí se encuentran representaciones de escenas de caza, trazos geométricos y figuras humanas de claro sentido ritual. Llaman la atención las pinturas e las fases de la Luna, que dan ie a interesantes especulaciones.
Tarmatambo
El antropólogo Carlos Vecco a determinado que en Siberia xisten pinturas exactas, lo que
abonaría a favor de la hipótesis e que el hombre vino a América por el estrecho de Bering.
Similares representaciones se han encontrado en la selva de Pachitea, asociadas al ciclo menstrual y a la fertilidad.
De regreso a la hacienda valdrá la pena detenerse en Tarmatambo para ver los avances que se han hecho en la puesta en valor de este estupendo conjunto inca.

El Jardín Mágico
Por la noche, luego de cenar alcachofas, recién cosechadas, con salsa vinagreta,
subimos a la casa de los Da Fieno donde Pepe nos espera con el gramófono encendido: está escuchando una  grabación original de Carusso de 1908 –«Musica Proibita»– como para
demostrarnos que a veces sí es posible detener el tiempo e incluso hacerlo retroceder. Whisky en mano, escuchamos la historia de la hacienda, documentada con fotos y viejos papeles originales.
Antiguamente el predio perteneció a Francisco de Paula Otero, quien luchó junto a San Martín por la independencia del Perú. Pero la historia nunca es tan simple y Da Fieno nos puede relatar infinidad de detalles que hablarán de cómo en Tarma se desarrolló uno de los episodios más importantes de inicios de nuestra República. El viajero completará por su cuenta toda la información cuando converse directamente con Pepe y con Inge.
La noche es también propicia para visitar el jardín de La Florida, el mítico jardín que según Inge, transmite felicidad. Lo hemos visto de día y en efecto, algo parecido a lo que ella
sostiene pasa de los viejos rosales a nuestro cuerpo. Definitivamente estamos en un jardín mágico, con sombras nocturnas y claros de Luna que se mueven de sitio al ritmo del
ruido que pone el agua al caer sobre el plato de una pequeña fuente de metal. En este mismo jardín sitúa Julio Ramón Ribeyro la acción de uno de sus mejores cuentos, «Silvio
en el Rosedal», un relato sobre la tragicomedia inherente a la vida de los viejos terratenientes, a su decadencia y su desesperanza.
Tarma
La Vida Diaria
Mañana es otro día, como siempre. Muy temprano doña Juana Mallorca ha comenzado el complejo proceso de preparación de la chicha de maní, un mejunje fresco que lleva, aparte del maní que viene de la selva, ajonjolí, pecanas, maíz, arroz, canela y clavo.
En el gran comedor Fermín y Norma trabajan sobre la masa que nos dará el pan del desayuno, un pan sin bromato ni neurosis. Martha, por su lado, convierte seis litros de leche en un kilo de queso, el mismo que acompañará al pan en nuestra mesa, al lado de los frascos de mermelada de ruibarbo, de aguaymanto, de naranja, que Inge ha preparado unos días atrás.
A propósito, ¿dónde está Inge? En el jardín mágico, meditando con algunos de sus huéspedes, preparándolos para una sesión de reiki, mientras Pepe lleva a otros visitantes para que planten un árbol de queuñua o un eucalipto, de modo que puedan monitorear
su crecimiento la próxima vez que regresen a la Florida de Tarma.

Info Viajera
• La Florida se ubica en Acobamba, a seis kilómetros de la ciudad de Tarma. Para mayor información:
Telfs. (en Lima) 344-1358, en Tarma (064) 341-0419. Página web: www.haciendalaflorida.com, e-mails: reservas@haciendalaflorida.com o haciendalaflorida@hotmail.com.
• Christian a secas, es el nombre de un excelente guía tarmeño que organiza salidas a los distintos y abundantísimos sitios arqueológicos de la cultura tarama. Se lo contacta a
través de los Da Fieno.
• La hacienda la Florida compone junto con Santa María, un interesante concepto de hospedaje rural en Tarma y que quizás sea único en nuestro país. Ambas experiencias
son muy buenas e interesantes y en sus diferencias radican sus mayores atractivos. Para informarse sobre la hacienda Santa María: informes@haciendasantamaria.com
• Así como La Florida tiene a Christian como su gran orientador, Santa María ofrece la posibilidad de hacer excursiones espectaculares en compañía de José Luis Orihuela, un
personaje obligado.

TIEMPO DE VIAJE
Por: Rafo León
Lunes y jueves, 11:30
Miércoles, 21:30
Sábados, 15:30, 20:00
Domingos, 9:30, 20:00, 22:30
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