Por la belleza y cantidad de iglesias que guarda Huamanga es considerada la Roma de los Andes

De todas las ciudades del Perú existe una que ha hecho de sus festejos por Semana Santa un producto de bandera: Huamanga. El fervor que le ponen a esas fechas le viene a la urbe ayacuchana desde sus orígenes coloniales. Allí están las decenas de iglesias de la época virreinal para atestiguarlo.

El arqueólogo Raúl Mancilla, funcionario de la oficina regional del Instituto Nacional de Cultura, explica que esta ciudad fue fundada para cubrir tres aspectos. Primero, el político-militar; segundo, el económico, y al final pero no menos importante, el religioso.

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Caminar por las calles de esta urbe andina es encontrarse cada cierto trecho con testimonios arquitectónicos de los gustos coloniales. Desde fines del siglo XVI hasta nuestros días, mucha agua ha corrido en los usos y costumbres de los edificios religiosos.

Incluso en alguna iglesia de la colonia es posible encontrar pintados, en una pared interior, retratos de factura algo reciente de Marx y Hegel al lado de Cristo. Sin embargo, lo llamativo continúa siendo las muestras de devoción en la época virreinal.

     Fervor en los Andes
Por ejemplo, en una de las partes bajas se encuentra la iglesia de la Magdalena, la cual estaba destinada a los indios del lugar. Lo peculiar de su edificio es el campanario. En él es posible ver unas sirenas sosteniendo el mundo, lo que es usual apreciar en el Alto Perú, pero que es extraño ver en nuestro país.

Otro campanario que atrae miradas es el del templo de Santo Domingo, el cual recuerda a las túnicas de los dominicos, los religiosos encargados del lugar. Se conjetura que la iglesia fue edificada entre 1542 y 1548, siendo una de las primeras de la zona y con un estilo renacentista.
También es digno de admiración el templo de San Francisco de Asís. Éste cuenta con el retablo más temprano de la ciudad, consagrado al Niño Jesús de Praga y no se tienen noticias certeras de la fecha de ejecución.

Asimismo, se encuentran ejemplos más tardíos, como el barroco de la iglesia de Santa Teresa, de comienzos del siglo XVIII. Además, está el templo de San Agustín, de los mismos años. Tal es la cantidad e interés de estos edificios que una Semana Santa no basta para conocerlos todos.

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