World Monuments Fund se une al rescate de Andahuaylillas

La organización ha financiado parte del medio millón de dólares para obras. Templo formaría parte de un futuro corredor turístico en Quispicanchi.

Bertrand du Vignaud es un amable francés que salta de un país a otro con el fin de evaluar el rescate de joyas que el hombre ha creado maravillosamente y que luego, porque así es su naturaleza, ha terminado por descuidar, olvidar o abandonar. Su interés por el Perú lo llevó a contactarse hace seis años en París con Marcela Temple de Pérez de Cuéllar, esposa de don Javier Pérez de Cuéllar, entonces embajador del Perú en Francia.

Bertrand quería conocer el Perú, principalmente, por ser un amante de la historia y de la cultura del mundo, cualidad que lo ha llevado a ser el actual presidente del World Monuments Fund (WMF) Europe, una prestigiosa organización internacional privada que se dedica a financiar la restauración de monumentos alrededor del planeta. Una suerte de mecenas del siglo XXI.

Doña Marcela no solo se ofreció a acompañarlo al Perú con un grupo de 10 entusiastas europeos, sino que organizó un periplo que incluyó lo mejor de la costa, sierra y selva del Perú.

Así fue que llegaron a inicios del 2002 a la provincia cusqueña de Quispicanchi, lugar en el que se quedaron anonadados por la belleza del templo de San Juan Bautista de Huaro, pero también apesadumbrados por el mal estado en el que se hallaba esa joya arquitectónica y artística.

“Queremos hacer algo por tu país”, fueron las palabras que salieron de la boca de Bertrand y que doña Marcela nunca olvidará.

Acto seguido, los encargados jesuitas de la parroquia, con el padre Luis Herrera a la cabeza, consiguieron los fondos necesarios y postularon la iglesia de Huaro como proyecto a restaurar ante el WMF. Este último fue aprobado y con el apoyo de empresas privadas y del Instituto Nacional de Cultura (INC) se logró conseguir lo que por años estuvo en el limbo: un hermoso templo que hoy estremece de solo verlo.

EL TURNO DE ANDAHUAYLILLAS
Tras la inauguración del renovado Huaro, en febrero del 2007, Bertrand, Marcela y otros invitados visitaron la iglesia de San Pedro de Andahuaylillas, conocida como la Capilla Sixtina de América. De pronto, el asombro volvió a invadir a los presentes.

La orden jesuita tiene a su cargo el templo que data de finales del siglo XVI. El interior, una muestra esplendorosa del barroco, es una compilación de lo mejor de la pintura y escultura cusqueña que destaca también por las exquisitas muestras de sus murales.

Sin pensarlo dos veces, los salvadores de Huaro decidieron rescatar también Andahuaylillas, afectada por la falta de recursos y el paso del tiempo.

El padre Luis Herrera consiguió reunir un significativo monto percibido a través del turismo, el cual se sumó a unos US$100.000 donados por la empresa Repsol gracias a la gestión de otro entusiasta, Fernando Berckemeyer, quien ahora es el nexo entre el WMF y los agentes que hacen que el proyecto sea viable en el Perú.

El aporte del WMF ha sido importantísimo, pues este, sumado a lo mencionado líneas arriba, constituye casi medio millón de dólares que se utilizarán para la restauración casi íntegra de Andahuaylillas.

Los trabajos se iniciarían pronto tras la definición de unos últimos perfiles y planes, durarán tres años y tendrán la asistencia técnica del INC. En el templo se recompondrán la fachada, la pintura mural del templo, la zona del coro, dos capillas y el artesonado mudéjar.

Tras Andahuaylillas, el próximo paso será la recuperación de la iglesia de Kaninkunka, ubicada también en el distrito de Huaro.

Socorristas del patrimonio mundial
El WMF se creó en 1965 y tiene su sede central en Nueva York. Desde entonces ha financiado parte de la restauración de más de 500 tesoros arquitectónicos y culturales en 91 países de todo el mundo.

La organización recibe miles de solicitudes de ayuda, pero para que los proyectos sean seleccionados deben de cumplir algunos requisitos, entre ellos, poseer una infraestructura de gran calidad arquitectónica o artística, que sean lugares abiertos al público y que las personas que viven en la comunidad o el país en que se asienta el monumento financien la contraparte de la donación. Esto último se concibe bajo la idea de que los pobladores deben hacerse responsables y protectores de sus propias joyas culturales e históricas.

La idea del WMF es que la recuperación de los monumentos se traduzca en cambios significativos para las zonas donde se hallan a través de la revalorización de su cultura y la promoción del turismo.

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