Cusco se vistió de gala en una nueva edición del Inti Raymi

A las nueve de la mañana de ayer, Cusco ya era una pequeña Babel. Miles de voces, llegadas de todos los rincones de la Tierra, se confundían en la avenida El Sol, donde se levanta el Coricancha, el Templo del Sol inca, pegado por la historia a la iglesia católica de Santo Domingo.

Como si fuesen feligreses que han dejado atrás a sus dioses particulares, los turistas cargan camaritas digitales y celulares de última generación para esperar la salida, desde la parte más alta del Coricancha, del inca Pachacútec, y así dar inicio al Inti Raymi o Fiesta del Sol.

Inti Raymi - Notiviajeros.com

Algunos han venido atraídos por la novedad de que la ciudadela incaica de Machu Picchu fue declarada en 2007 una de Las Siete Maravillas del Mundo Moderno, y se dedican a chacotear y gastar con entusiasmo.

Unos lucen todavía los restos de la juerga del lunes 23, que se inició tras el desfile cívico con más de 300 comparsas, de diversas instituciones y empresas de todo el departamento, que llegaron para rendir homenaje a las fiestas del Cusco.

Es raro encontrar a los turistas místicos, que sí arribaron para adorar al Sol, porque el 24 de junio, de acuerdo con el calendario incaico, se marca el inicio del nuevo año solar.
Los turistas se diferencian no por nacionalidades, sino por los banderines de las empresas turísticas que los trajeron a presenciar la Fiesta del Sol.

Mientras se espera la salida del inca Pachacútec, que saldrá desde la parte más alta del Coricancha, los comerciantes de chullos, bastones, botellas de agua, banderitas, chaquiras y demás recuerdos se confunden entre turistas, bajo la atenta mirada de los policías.

Están también los que alquilan bancas –a cinco nuevos soles el pedazo de madera– y ñustas que cargan ovejas tiernas y acceden a tomarse una foto con una sonrisa y una frase: “One picture, one dollar”.

Inca en Coricancha

A las 09.30 horas se inicia el primer espectáculo del Inti Raymi con el “Saludo al Sol”. Una fila de ejecutantes de pututos llena el rectángulo irregular del Coricancha con su sonido profundo, que trata de llevar a otro tiempo a los espectadores.

Les siguen las acllas, tocando tinyas, los músicos con sus bombos y quenas, que se colocan en la parte alta del Coricancha. La explanada inferior se llena de los ejércitos y danzantes provenientes del Chinchaysuyo, Contisuyo, Collasuyo y Antisuyo.

De repente, la música calla y hace su ingreso a la parte alta la realeza inca; finalmente, la coya o esposa principal y el inca. Entonces, la masa posmoderna estalla en aplausos con sabor milenario y las camaritas se levantan como brazos con ojos.

En realidad, son breves el canto y el discurso del inca Pachacútec, quien se dirige a la plebe de todas partes en quechua, y los vendedores de pasquines, con la historia, canciones y diálogos del Inti Raymi en versión inglés, aprovechan para hacer su agosto.

La masa mayoritaria obedece a sus guías: solo esperan que el inca se retire y empiezan a subir las cuatro cuadras que los separan hasta la plaza de Armas, donde se realizará la segunda parte del Inti Raymi, o “Encuentro de los tiempos”, a las 11 de la mañana.

Segunda visión

Uno llega a la plaza de Armas casi sin querer, porque la masa avanza con convicción, para ganar una ubicación desde alguno de los portales que rodean la principal plaza cusqueña. La Policía cuida que nadie avance hacia el perímetro, convertido en el segundo escenario de este Inti Raymi.

En el medio, junto a la pileta, se alza un tabladillo de piedra. Las autoridades cusqueñas se ubican en el atrio de la catedral, que luce una bandera del Tahuantinsuyo en su parte más alta. El espectáculo, esperado para las 11 de la mañana, se atrasa un cuarto de hora, y se inicia finalmente con la llegada de los ejércitos de los cuatro suyos que cercan el cuadrilátero.

Hay una variante para este año. Normalmente, en el “Encuentro de los tiempos”, hay un diálogo entre el inca y la autoridad local, el pasado y la modernidad, dando a éste la responsabilidad de encaminar a Cusco hacia el futuro.

Si bien el primer regidor Mariano Baca, actual encargado de la alcaldía, está presente, no se produce el ansiado diálogo. La alcaldesa provincial, Marina Sequeiros, se encuentra internada en una clínica limeña, pero muchos cusqueños no creen que esté mal, sino que ella no quiere recibir las pifias por su gestión. Es lo que dicen.

Para los cusqueñistas, la supresión de los diálogos del “Encuentro de los tiempos” es lo mejor, para mantener el espíritu de la representación en quechua, que es lo que buscan los turistas.

La ceremonia dura un promedio de media hora. Uno de los actos más vitoreados es la llegada del inca, que aparece en andas, y cuyo paso es marcado por más de un centenar de acllas que van limpiando el camino, y el otro es al final, cuando el soberano recorre todos los alrededores de la plaza y recibe los saludos de sus súbditos mundiales.

Ni bien se va despidiendo, los primeros grupos de turistas empiezan a subir por las calles cusqueñas rumbo a Sacsayhuamán, última estación de esta procesión, que es seguir los pasos del inca Pachacútec, encarnado este año por el actor Nibardo Carrillo, a quien ya la masa cusqueña lo considera como un intérprete mejor que el del año pasado, porque le ha dado más vida al personaje central.

Los que tienen plata pueden tomar los taxis autorizados, a 30 nuevos soles la carrera; los turistas mayores o en familias prefieren ir en los ómnibus turísticos, pero el tráfico por la Circunvalación es lento y es mejor ejercicio ir a pie la media hora hasta el centro arqueológico.

   Tercera Raymi

La magia y las postales promocionan el Inti Raymi en Sacsayhuamán y ahí hay que ir. Cada butaca cuesta 90 dólares; entonces, los tres mil 859 asientos de este año están cubiertos en su mayoría por extranjeros.

El cerro de Yaullipata o “de la Cruz del Papa” está repleto de cusqueños y turistas de menores recursos. El ángulo no es el mejor para ver el espectáculo, que empezará a las 13.30 horas, de acuerdo con el programa oficial.

Antes, se podía observar el Inti Raymi más de cerca, desde el cerro Suchuna, pero una disposición del Instituto Nacional de Cultura prohibió que los espectadores usen ese apu, como una medida para proteger las piedras incaicas.

Las tropas incas ingresan por la parte alta, por la zona de los baluartes, cargando en andas sus momias sagradas, y se van dirigiendo al escenario montado al medio de las butacas de los turistas, en la explanada del centro arqueológico, mientras los sinchis ahuyentan a los turistas más tardones, gritando “¡suchurichi!”, “¡retírense!”.

El Inti Raymi en Sacsayhuamán es la ceremonia principal y más larga. Después del emplazamiento de las tropas y músicos, los jefes de los suyos van dando sus informes y mostrando sus ofrendas al inca. No es un diálogo fácil porque a veces el soberano se molesta, pero da finalmente su bendición a las delegaciones, haciendo participar al público.

Tras ello, sigue el rito de la chicha, cuando el inca y sus sacerdotes saludan al Sol, luego se sacrifica a una llama, pero lo que ve el público es el corazón, para no herir susceptibilidades; después, sigue el rito del sankhu, cuando inca y sacerdotes comen pedazos de la llama sacrificada y se encargan de repartirlos a los nobles de los cuatro suyos.

Hay más danzas, porque el Inti Raymi es una fiesta con mucho baile y música. El inca da su mensaje final; tras pedir a coro que vivan los cuatro suyos y solicitar que el pueblo se quede celebrando, se despide. Es momento de bajar nuevamente a Cusco. El Inti Raymi ha terminado.

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